Tu espíritu de hoja ya tiene fuerza para no venirse al suelo con una brisa cualquiera, una linda niña de tres años, la más linda, claro, que no hace más que sacarme caritas felices de la guata una y otra vez.
En tres años la luz de tu sol ha pasado por todas las estaciones (más de cuatro, como ya descubrirás), y el viento ha pegado con mucha fuerza, y las nubes han sido negras, y la lluvia ha tardado largas horas en retirarse. Pero ante todo, mi pequeña, la misma luz te ha estado abrigando, los mismos rayitos de sol que te recibieron al nacer siguen ahí, no te faltarán, y te seguirán envolviendo en tus 4, en tus 15 y en tus siempres.
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