Con un suspiro orgásmico en una noche de mayo empezaste tu camino. Te vimos crecer en la panza de mamá, te vimos apretar botones que le generaban toda clase de cosas extrañas (mareos, antojos, en alguna luna llena la oímos aullar como lobo, hubo una noche en que se puso a volar dormida por el patio, o mi favorita, cuando dibujó cuatro corazones amarrados en un muro de la casa). Te vimos crecer y te disfrutamos, nos imaginábamos cuando llegaras, y por supuesto, le dimos un millón de vueltas antes de decidir cómo sería. En casa, pensamos. En casa, volvimos a pensar. Sonaba tan lógico, que no nos acostumbrábamos a la idea de que fuera distinto. En casa sería. Con el tiempo (espero) aprenderás que la lógica de tu mundo dentro de casa tiene muchos puntos discordantes con la lógica de afuera. Para nosotros no había que pensarlo mucho, para el resto haría falta energía divina y explicaciones interminables, por eso decidimos no contarle a nadie. Para qu...