Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de mayo, 2019

Bienvenida a tu casa

Con un suspiro orgásmico en una noche de mayo empezaste tu camino. Te vimos crecer en la panza de mamá,  te vimos apretar botones que le generaban toda clase de cosas extrañas (mareos, antojos, en alguna luna llena la oímos aullar como lobo, hubo una noche en que se puso a volar dormida por el patio, o mi favorita,  cuando dibujó cuatro corazones amarrados en un muro de la casa). Te vimos crecer y te disfrutamos, nos imaginábamos cuando llegaras, y por supuesto,  le dimos un millón de vueltas antes de decidir cómo sería. En casa, pensamos. En casa, volvimos a pensar. Sonaba tan lógico,  que no nos acostumbrábamos a la idea de que fuera distinto. En casa sería. Con el tiempo (espero) aprenderás que la lógica de tu mundo dentro de casa tiene muchos puntos discordantes con la lógica de afuera.  Para nosotros no había que pensarlo mucho, para el resto haría falta energía divina y explicaciones interminables, por eso decidimos  no contarle a nadie. Para qu...

4 de Marzo del 2012

Todo iba bien, todo parecía seguir con total normalidad, era un embarazo como todos, incluso con buenos números y pintaba a que todo seguiría en orden. Ve tú a saber por qué, hijo, pero al parecer moviste tus manitos y las energías para que todo se adelantara, nos pillaste de sorpresa, te esperábamos, sí, cada día más ansiosos, pero aún quedaban unas cuantas semanas para que llegaras. No habíamos comprado tu coche, tus cosas para la pieza, ni siquiera tu primera ropa. Como verás son todas trivialidades que en nada empañaron la felicidad que nos diste cuando escuchamos tu voz por primera vez, que se oía suave, más despacio que en las películas, pero aún así parecía que tenías ganas de decirle a todos los doctores que estabas aquí, que eras un niño grande, con tus pulmones funcionando a toda máquina. Fue en la mañana, tu papá despertó con esa prisa inconsciente de todos los días, medio despierto y tres cuartos dormido, tu mamá, en silencio, con esa energía y vigor con que suele desper...

Y fue hermoso, la felicidad con patas

Un pedacito de magia, sonrisas por kilos caras de baba y cosquillas en la guata. Fue raro porque no te vimos exactamente en el momento en que saliste de la guata de tu mami, pero te sentimos y cuando levantamos la mirada estabas ahí, todo morado (porque así nacen todos los bebés), con los ojos increíblemente abiertos. Es lo que más presente tenemos, y claro, no nos queda otra más que apelar a la memoria porque fue todo tan rápido y tu papi es tan torpe que no alcanzó a preparar la cámara para grabar. Pero eso es un detalle, en nuestra memoria tenías los ojos abiertos, bien abiertos, y te quedaste mirando a tu mamá, con cara de seriedad, casi como pensando "por qué me molestan, déjenme seguir durmiendo en la guata!!". Fue lindo, tu mami te abrazó, y yo abracé a tu mami, éramos sólo nosotros tres, todo el equipo de médicos y gente al rededor o estaban callados o mi memoria los bloqueó, me acuerdo que éramos sólo los tres, reconociéndonos, hablando telepáticamente, en otra pa...

La segunda vez que detuvimos el tiempo

La segunda vez que detuvimos el tiempo fue cuando tenías 4 meses. Estabas en mis brazos mientras tu mamá lavaba loza, escuchábamos a los Beatles y yo te cantaba y me movía intentando bailar. Llevábamos un buen rato así, y tú estabas inmutable, no enojado pero seguramente mi entonación perfecta te tenía desconcertado. El punto es que hubo un silencio entre dos canciones, y mientras empezaba la siguiente y yo me preparaba para canturrear, diste vuelta tu cabecita y me miraste, con una sonrisa que mis ojos babosos convirtieron en complicidad. Capaz que sólo te haya parecido graciosa mi prominente nariz, o mi voz de chewbacca al ritmo de los Beatles, pero da lo mismo. Nos enchufamos como los monos de Avatar y compartimos un momento de historia que duró una canción entera, o quizás dos o quizás nada más que cinco segundos, pero quedó grabado en mi memoria.

Inception

Un poco de influencia, un poco de intuición. La primera vez que te vi aún no existías, fue el día en que tus ojos se cruzaron en los míos y se echó a andar un motorcito en alguna parte de mi cuerpo. Abrí la puerta de la paternidad. Nada había en mi cabeza que tuviera una pizca de similitud con lo que significa ser papá. Mi imaginación no andaba ni cerca de lo que con el tiempo comprobé que implica tener un hijo. Simplemente no lo sabía, mis ideas sobre lo que es ser padre venían de lo que a mis ojos mis propios padres podrían sentir sobre mí. Su existencia vinculada a la mía para siempre, con incondicionalidad y responsabilidad, con aprender para siempre cómo se hace, con tantos niveles de sensaciones o sentimientos que a uno se le da vuelta toda convicción acerca de casi todo en la vida. Un montón de cosas y cosas, con tanta, pero tanta información! Estaba lejos, muy muy lejos de dimensionar lo que significaba. La primera vez que escuché  Mariposa Tecknicolor  seguramen...

Encadenado al ánima

Hoy fue un día difícil, mi pequeño. Al parecer la luna, o el clima, o alguna otra fuerza inexplicable te afectó el ánimo. Hoy estuvimos para ti creo que de la misma forma que siempre, le pusimos amor al chocolate caliente y te dedicamos gran parte del día. Pero hoy, que fue igual que siempre, aunque ha pasado otros días, no estabas para disgustos, hoy nos reímos, jugamos y conversamos, pero a la más mínima negativa de nuestros labios, tu cara se descomponía. Se te apretaba la garganta, te salía la voz envuelta en un hilo de amargura, sólo para explicarnos inútilmente que no estabas de acuerdo. Los labios se te contraían, tus ojos se aprestaban a lagrimear y tu expresión completa se contagiaba de una pena al parecer inconsolable. Para cuando nuestra negativa se reforzaba, ya fuera porque creemos que es lo mejor para ti, por que ya había sido suficiente, o por último porque somos tus padres y punto, se te venía el mundo abajo. La tristeza inconsolable explotaba en llantos agudos ...

Cumpleaños 1

El sol aún no se pronuncia en la mañana de tu primer cumpleaños. Hace un poco de frío y tu papi insistió en salir sin chaqueta de casa. Estabas despierta cuando salí al trabajo, medio desorientada y sin dar ninguna señal que aludiera a un día especial. Para nosotros, tu familia, es el aniversario de uno de los días más importantes de nuestras vidas. Naciste hace un año. Te vimos los ojitos hace un año. Tu mamá dice que no puede creer lo rápido que ha pasado el tiempo, pero yo sí pude ver más o menos un año pasar por tu carita de bebé. En los primeros meses, aunque saliste de su panza, parecía como si aún estuvieras siendo gestada por mamá, salvo un par de detalles inevitables, podríamos decir que saliste de panza al menos tres meses después de nacer. Así me pareció a mí al menos, que he sido espectador de su intimidad desde que supimos que venías al mundo. Para mamá ocurre que la emoción se le vuelve nostalgia, le tizna los ojos con lágrimas que sólo las madres guardan en sus entrañas...

Nunca es suficiente

Sin ningún ánimo de recibir recompensas, he intentado disfrutar a los cabros chicos tanto como haya sido posible, y los he tratado de mantener en una montaña rusa olvidando a veces que también necesitan descansar, inspirar y expirar, como me explicaste anoche. Los quiero ver sonreír o carcajear en todo momento, y con ese fin intento que sólo la pasen bien, al menos con esa intención comienzan mis días. Pero invariablemente, todos los días llegan a un punto en que la energía se me acaba y ya nos los aguanto ( Te doy Dios, quieres más ). Se me va la paciencia lejos y ya me dedico a pasar los ratos difíciles retándolos por esto y por lo otro, y esforzándome por recordar que son niños y que están aprendiendo y que están cansados y qué sé yo. Pero nunca, nunca será suficiente. Puedo plantar esta sentencia con toda propiedad porque en este largo período he visto que es efectivamente así, con un niño de 6 y una niña de 2. O bien, con mi propia experiencia como hijo, los padres siempre hacen ...

Cumpleaños 3

Tu espíritu de hoja ya tiene fuerza para no venirse al suelo con una brisa cualquiera, una linda niña de tres años, la más linda, claro, que no hace más que sacarme caritas felices de la guata una y otra vez. En tres años la luz de tu sol ha pasado por todas las estaciones (más de cuatro, como ya descubrirás), y el viento ha pegado con mucha fuerza, y las nubes han sido negras, y la lluvia ha tardado largas horas en retirarse. Pero ante todo, mi pequeña, la misma luz te ha estado abrigando, los mismos rayitos de sol que te recibieron al nacer siguen ahí, no te faltarán, y te seguirán envolviendo en tus 4, en tus 15 y en tus siempres.

Brillo

Ellos hacen que todo brille. No son la luz de mis ojos ni la razón para levantarme cada día. Tampoco es que sus abrazos hagan que todo en la vida valga la pena. Pero sí hacen que todo brille. Verlos, reírnos, abrazarlos. No hay nada que se le parezca. La alegría desproporcionada que les brota en cada pequeño acto cotidiano. Su inocencia en dos de cada tres cargadísima de caritas felices y ternuras. Les sale solo, nada más por respirar, tienen una energía infinita para estas cosas. Y encima les sobra para hacer que mi mundo brille. Ese mundo que ya no es inocente, que es agotador e intermitente, en donde cada carcajada factura en angustias, ansiedades y otras cuantas emociones oscuras. Mi adultez se alimenta injustamente de su infancia. Me sirvo a platos llenos su afecto, sus gracias de niños felices, sus palabras inventadas. Los días de mierda se me olvidan en el escenario de la paternidad. Cuando me toca mi rol de papá, no me queda más que sacarme esa pesada mochila de adulto ...