Hoy fue un día difícil, mi pequeño.
Al parecer la luna, o el clima, o alguna otra fuerza inexplicable te afectó el ánimo. Hoy estuvimos para ti creo que de la misma forma que siempre, le pusimos amor al chocolate caliente y te dedicamos gran parte del día. Pero hoy, que fue igual que siempre, aunque ha pasado otros días, no estabas para disgustos, hoy nos reímos, jugamos y conversamos, pero a la más mínima negativa de nuestros labios, tu cara se descomponía.
Se te apretaba la garganta, te salía la voz envuelta en un hilo de amargura, sólo para explicarnos inútilmente que no estabas de acuerdo. Los labios se te contraían, tus ojos se aprestaban a lagrimear y tu expresión completa se contagiaba de una pena al parecer inconsolable. Para cuando nuestra negativa se reforzaba, ya fuera porque creemos que es lo mejor para ti, por que ya había sido suficiente, o por último porque somos tus padres y punto, se te venía el mundo abajo. La tristeza inconsolable explotaba en llantos agudos y estridentes, con gritos, lágrimas y mocos. Se te agrandaban los pulmones y no parabas por un buen rato. A nuestro uno tú pedías dos, y a nuestro dos tú pedías tres.
Siempre hemos intentado consolarte, hacerte ver en primer lugar que la pena existe y hay que sacarla, que si quieres llorar, pues llora, que si estás enojado, también llora, en fin. Tú mismo lo sabes bien, pero hoy fue uno de esos días en que la pena brotaba y brotaba, incansable y repetitiva. Se nos presentó no muy bienvenida al principio, y al terminar el día ya resultaba simplemente desagradable.
Hoy, fuera de tus episodios viscerales, lo pasamos bien, recuerdo que me dijiste a la hora del almuerzo: papá, parece que las alcachofas quedaron "descocidas", porque no están muy ricas. Sacándome una sonrisa instantánea, que te aseguro guardaré por muchos años. Pero con eso y todo, los momentos en que se te acentuaba la rabia se impusieron al resultado diario. Al final del día con mamá ya no aguantábamos mucho. Estábamos cansados y teníamos pena.
Nos esforzamos por enseñarte, por cuidarte y por procurar hacerte feliz, queremos que entiendas que la felicidad existe, y que nuestro ejemplo sirva para grabártelo como complejo. Queremos que aprendas, que te nazca, que se te dé como respirar, y aunque creo que no hay palabra más absurda en la vida que la disciplina, me parece que hay un par de cosas que se le parecen y que nos cuaja dentro de la vida que queremos mostrarte.
Por esos estos días de profundo mal genio son tan difíciles, porque al final ni nosotros sabemos si es lo correcto, pero como ya iniciamos el camino, debemos sostenernos en alguna orden o decisión porque el territorio del "no puedes pero igual puedes" nos resulta más inapropiado que cualquier otro.
Con tus cuatro años y medio se nos envuelve el corazón de tanto amor, que nos cuesta imaginar que haya días en que este mismo amor se consuma toda la energía, y nos deje agotados y superados, sin ánimo para escuchar un sólo llanto más.
Pero así sucede, y nos lo comemos y empezamos un nuevo día intentando enseñarte acerca del día anterior. No tenemos idea si hemos progresado mucho, pero nuestra intención siempre será la misma: verte libre y feliz.
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